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Chica con los brazos abiertos, feliz

Necesidades y libertad

Vivimos en un mundo que se mueve rápido. Miles de ideas, experiencias, sensaciones, percepciones, emociones,… nos llegan cada día. Habitualmente nos detenemos apenas unos instantes  ante lo que nos llega. El presente efímero se desliza entre nuestras manos; huidizo, volátil. Mientras  tanto nuestra mente avanza imparable  hacia un futuro difuso que nos atrapa , o hacia un pasado que nos retiene y devuelve una y otra vez a revivir lo que ya no es.

Zygmunt Bauman ha puesto nombre a lo que de un tiempo aquí nos está sucediendo. Modernidad líquida.  Una palabra para nombrar esta sensación que a veces nos  invade a algunos de que todo es efímero y frágil, de que nos hemos subido sin saber cómo a un tren que nos lleva lejos y sin saber muy bien a dónde. De fondo , si escarbamos lo suficiente, a menudo topamos con algo inesperado: vacío, soledad, insatisfacción aunque muchas veces no somos conscientes claramente de lo que nos sucede.

Sobrevivimos llenos de ruido, saturados de información , de objetos, de propuestas, de acción, de experiencias que se suceden una tras otra. Nada o poco queda de lo vivido. Sin apenas tiempo para nosotros, para los nuestros, para escuchar (nos), cuidar (nos), para ser, para vivir. Parece que corremos tras un tiempo que se nos escapa y queriendo escapar de un vacío que nos devora. Todo parece haberse vuelto líquido en esta sociedad de consumo a la cuál pertenecemos y que moldea también nuestra mente y que también se ha colado en nuestra intimidad , en nuestra casa, en nuestras relaciones… Sin apenas darnos cuenta nos convertimos en consumidores de todo tipo experiencias, de relaciones superficiales, de cosas materiales. Incluso el camino de conciencia puede ser un instrumento más de consumo de experiencias, de propuestas,… si no estamos atentos.

A menudo nos dejamos llevar por la inercia de la vida hasta que llega un momento en el que el sinsentido nos atrapa. Y necesitamos que nuestra vida tenga sentido y/o aceptar que aún no lo pueda vislumbrar, vivo, existo, respiro, soy, en este instante.

El avance en derechos, libertades, creencias parece ir de la mano del movimiento. Da la sensación de que ante la libertad y por lo tanto ,la pérdida de seguridad de lo conocido, nos invade el miedo.

Eric Fromm habla del miedo a la libertad y de nuestra dificultad para asumirla. Nos sentimos solos y aislados. Y parece que  nos cuesta sostener esta situación, la incertidumbre de sentir que no hay puntos de referencia sólidos. Así que parece que buscamos seguridad en un pasado que ya no está o iniciamos nuevos ciclos de dependencia , que aunque aparentemente parecen diferentes, no dejan de ser un disfraz que oculta más de lo mismo. Volvemos a hacernos dependientes de lo que sea.

Llegados a este punto ¿qué podemos hacer ante la modernidad líquida? ¿podemos ser libres? Fromm cree que sí. Hay un camino que nos permite escapar de este círculo vicioso. Un camino que nos permite ser un yo separado y a la vez unido a los otros , al mundo, a la naturaleza. La realización del yo .

Las personas podemos ser libres a través de la actividad espontánea de la personalidad integrada.” (Fromm,E, 2006, p. 264)

En otras palabras, recuperar para nosotros la espontaneidad de los niños que piensan, sienten y actúan de forma integrada.

En esta línea la  Gestalt , como  corriente que se inscribe dentro de las terapias humanistas, como Fromm,  facilita también este trabajo. Un camino de conciencia. Una vuelta a casa. A lo que soy. La libertad radica en aceptarme y mostrarme tal y como soy, con todas mis partes. Aceptar que no hay verdad sino verdades.  Humberto Maturana habla de certidumbres.

Este fin de semana Ferran Lugo evocando palabras de Albert Rams nos decía en el grupo de Gestalt. ¿la terapia ayuda a las personas a ser más felices? La respuesta era quizás no más felices pero si más libres.

El trabajo terapéutico  y de autoconocimiento nos facilita acceder de nuevo a nuestra brújula interna, a ponernos en contacto con nuestro cuerpo y emociones, con nuestras  necesidades. Necesidades que han sido a menudo sepultadas por todo lo que hemos vivido, por lo que nos han dicho y creímos de nosotros. Hasta que llega un momento en el cuál  ya no sé quién soy, ni lo que necesito,… Perdidos en este mundo líquido que se mueve a toda velocidad y de certidumbres que nos interpelan a cuestionar(nos).

Este es el viaje. Volver a mi. A casa. A reencontrar un mejor equilibrio en entre el yo y el tu, un equilibrio necesario, ineludible, entre mis necesidades y las tuyas. Un equilibrio que tienda a respetarme y respetarte.

Este fin de semana en la formación de Gestalt hemos dado un paso más en este proceso de conocerme y de contactar con lo que realmente necesito y poderlo expresar. Ante nosotros en forma de papeles plegados algunas de estas necesidades.

Necesidades personales a compartir. Pido y recibo, o no. Asumiendo el riesgo de que el otro no pueda , no quiera o no esté disponible a atender mi necesidad.

Virginia Satir sintetiza en 5 libertades a ejercitar y que redundan en una autoestima sana y en que nuestras relaciones ganen en autenticidad y profundidad.

La libertad de ser y escuchar lo que está aquí, en lugar de lo que debería ser , fue o será.

La libertad de decir lo que uno siente y piensa

La libertad de sentir

La libertad de pedir

La libertad de correr riesgos

 

La terapia en definitiva facilita este proceso construir un nosotros que respeta lo que yo soy y tu eres.

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