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El Duelo

 

EL DUELO

Lo único que no cambia en la existencia es el propio cambio

Todo cambio supone algún tipo de pérdida. A lo largo de nuestra vida experimentamos muchos de ellos y, por lo tanto, muchas pérdidas, de muy diversa índole y distintas características.

Algunas son voluntarias, otras completamente ajenas a nuestra voluntad. Podemos perder a un ser querido por muerte, o por algún conflicto grave; podemos separarnos de la pareja, por iniciativa propia o ser dejados por ella; podemos quedarnos sin trabajo o decidir cambiar para mejorar nuestra situación; podemos perder objetos, casas, podemos tener una pérdida económica por diferentes motivos; podemos perder la salud, sufrir una enfermedad crónica o terminal.

Y esos son sólo algunos ejemplos.

En cualquiera pérdida, en todas y cada una de las pérdidas de nuestra vida, se desencadena inevitablemente un proceso de duelo. Las características de dicha pérdida determinarán la intensidad, duración y manera de elaborarlo.

Un proceso de duelo es un proceso adaptativo: parto de una situación en la cual ese objeto, persona o situación están en mi vida, a otra en la cual no está. Necesitamos tiempo y el paso por distintas emociones y estados de ánimo para alcanzar la aceptación de la nueva realidad.

La palabra duelo proviene de la voz latina dolos, que significa “dolor”. Se trata de la reacción natural ante cualquier pérdida, así como el proceso necesario para superarla, aprendiendo a vivir sin eso que estaba hasta ese momento en nuestra vida.

Para entender bien cómo se desarrolla un proceso de duelo, vamos a hablar de ello a través de la pérdida más traumática y paradigmática: la de la muerte de un ser querido:

Son muchos los factores que influyen en la respuesta ante la pérdida: el nivel de apego al fallecido, las circunstancias de su muerte (no es lo mismo que una persona querida haya muerto por una enfermedad a que se haya suicidado; tampoco que haya fallecido una persona de edad avanzada que una muy joven); el carácter/personalidad tanto de la persona fallecida como de quien sobrevive. En el caso de muerte tras una enfermedad, también hay diferentes escenarios: haber participado o no en el cuidado del/la enferm@, la duración de la enfermedad (larga o fulminante), etc.

En todos los casos mencionados, quien sufre la pérdida dispone de dos tipos de recursos para enfrentarse a ella: internos (personalidad, experiencia de vida) y externos (familia, amigos, entidades, grupos de apoyo). El nivel de comunicación con su entorno más cercano y la disponibilidad de apoyo social son puntos clave.

En todo proceso de duelo, sea cual sea la pérdida, nos encontramos con cinco fases, descritas por Elisabeth Kübler-Ross:

  1. Negación: Incredulidad ante lo que ha ocurrido, estado de shock. Pueden producirse, incluso, alucinaciones como creer ver a la persona fallecida entre la muchedumbre o escuchar su voz.
  2. Ira: Rabia, enfado, sentimientos encontrados, culpa. Hay un colapso de emociones muy intensas, de preguntas sin respuesta (¿por qué ha tenido que pasarle esto a él/ella?, ¿por qué ha tendido que pasarme esto a mí?).
  3. Negociación: Intentos de pacto con una divinidad o con el/la médic@, promesas a cumplir en el caso de que la persona se cure.
  4. Depresión: Se interioriza una realidad tan devastadora que se cae en una profunda tristeza, en la pérdida de interés por aquello que nos rodea. Es importante distinguir entre esta fase, común a todos los procesos de duelo, de la depresión patológica.
  5. Aceptación: La persona comienza a reorganizar su vida, a adaptarse a la nueva situación. Se asume que la vida continúa, que habrá un futuro en el que el ser querido ya no estará y todo volverá a una cierta normalidad. Hay que diferenciarla de la resignación, ya que esta implica rabia: la aceptación lleva consigo un agradecimiento por el tiempo pasado con la persona que ya no está.

El duelo patológico se puede producir cuando existe un estancamiento en alguna de estas fases.

Algunas manifestaciones de duelos no resueltos son:

  • No poder hablar del ser querido sin experimentar un dolor muy intenso.
  • No querer deshacerse de las posesiones materiales que pertenecieron al ser querido.
  • Depresión cronificada.
  • Imitación de la persona fallecida, en ocasiones incluso desarrollando síntomas físicos parecidos a los de la enfermedad que la llevó a la muerte.
  • Tristeza insuperable cuando se acercan fechas señaladas.
  • Cambios radicales en el estilo de vida.
  • Fobia con respecto a la enfermedad y la muerte.

Otro enfoque en cuanto al desarrollo del proceso de duelo nos lo ofrece William Worden, que establece cuatro tareas fundamentales:

  1. Aceptar la realidad de la pérdida: Afrontar la nueva situación desde los planos mental y emocional.
  2. Trabajar las emociones y el dolor de la pérdida: El dolor físico (que también se da) va desapareciendo con el tiempo; al emocional hay que darle un espacio, un tiempo para sanar. Negar este dolor puede alargar este proceso de manera innecesaria.
  3. Adaptarse a un medio en el que la persona amada está ausente: Esa persona, que ocupaba un lugar en nuestra vida, tanto físico como emocional, ya no está. Hemos de adaptarnos a ese espacio que ha quedado vacío tras su marcha.
  4. Recolocar emocionalmente a la persona fallecida y continuar viviendo: Aceptar que la persona amada ya no está, e integrar en nuestra nueva vida todo aquello que nos aportó.

En Gestalt el duelo es tratado desde una doble perspectiva. En un primer tiempo se trata más de un acompañamiento. Acompañar es una actitud, es estar con la persona que está pasando por este proceso de dolor y pérdida desde el respeto, sin juicio.

Se comienza por un acompañamiento desde el reconocimiento de lo que hay (sub-impulso tierno) para luego, en un segundo tiempo, entrar en acción para satisfacer la necesidad y cerrar la Gestalt (sub-impulso agresivo). La intención primera está en el propio acompañamiento; más adelante se pone el foco en el Darse Cuenta, que permite a la persona en duelo comprender en qué punto (fase) se encuentra y finalmente se anima a la persona a tomar la iniciativa de su propia vida para reconstruirse desde la nueva situación.

La Terapia Gestalt en procesos de duelo permite:

  • Facilitar la expresión y/o contención de las emociones.
  • Aceptar lo obvio, lo presente, lo que hay en el Aquí y Ahora.
  • Cerrar la Gestalt inconclusa que supone el duelo, ya que se trata de cerrar una relación que ha terminado (resolución de temas pendientes).
  • Ayudar a que el/la paciente pueda seguir adelante con su vida, aceptando la realidad de la pérdida.

Si te a gustado este texto puedes compartirlo o comentarlo, te agradeceremos que indiques la autoría, ya que hay un tiempo y una energía propia en él. Gracias !

Seguimos

 

Ana Hernández y Núria Remus

 

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