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¿Cómo hacer con nuestros adolescentes en estos momentos?

Ser madre y padre de un adolescente es una tarea compleja y si le añadimos el estar encerrado en casa puede ser una situación muy estresante para casi todos nosotros y más conforme se va a alargando el estado de alarma y confinamiento.
Estar conviviendo durante 24 horas con nuestra familia, nos pone delante un escenario nuevo y tal vez inédito para muchxs de nosotrxs, donde emergen aquellos aspectos de la relación que han estado siempre latentes y tal vez por falta de tiempo, la rutina diaria, el ritmo de trabajo, estudio, actividades, se nos ha ido quedando arrinconado sin prestarle la atención que requería.
Para un adolescente el confinamiento supone un duelo más, que trunca sus proyectos y limita su necesidad de tener estímulos del entorno, que acompañan su etapa vital evolutiva en la búsqueda de su identidad. La adolescencia contiene también una etapa de pérdida, al dejar atrás la infancia para su evolución y desarrollo hacía la madurez, donde se muestran ambivalentes, exigentes, manejándose entre la añoranza de la estabilidad de su infancia y queriendo conquistar los privilegios de la vida adulta.

Este movimiento natural lo proyectan saliendo al mundo, fuera de casa, en un proceso constante de desarraigo del entorno familiar y la necesidad de inclusión, conociendo nuevas personas que formarán parte de su grupo de iguales con quienes explorar el mundo, tener nuevas experiencias y transitar los ritos propios de la adolescencia.
La situación de confinamiento genera que aparezcan conflictos y tensiones en el ambiente que, sumados al cambio de hábitos y rutinas en un espacio reducido, nos pone delante de un reto que conlleva revisar algunos aspectos de la convivencia diaria en familia.
Estos días hablando con adolescentes nos transmitían su sentimiento de angustia, aburrimiento, sensación de sentirse atrapadxs. Así como la necesidad de moverse, de salir y estar con los suyos que, en este caso, no somos papá y mamá. Aquí aparece la irritabilidad, soledad, sensación de vacío, tristeza, miedo, rabia, emociones que en el entorno familiar pueden generar desconcierto y malestar.

Este escenario nos ofrece la oportunidad de hacer algo diferente con el tiempo que tenemos para compartir con los nuestros, para estar cerca de nuestros hijxs, para que se sientan vistxs, escuchadxs, acompañadxs en lo que surja. Basta con estar disponible, en actitud de escucha, abrir espacios de comunicación donde se puedan expresar y a la vez puedan escuchar cómo nos sentimos los adultos. Este gesto puede cambiar aspectos de la relación, que estaban poco cuidados o dañados en algunos casos, para así sentir que estamos más cerca de ellxs y acoger desde un silencio hasta un “no sé qué me pasa que no me entiendo”.
Si como madres y padres nos atrevemos a escuchar sin juzgarlxs, sin anticiparnos, mostrando una actitud positiva, donde puedan hablar de sus sueños, de lo que les agobia, de los proyectos que tienen para cuando acabe este encierro estamos construyendo un puente donde encontrarnos con ellxs en el imaginario paseo de su habitación a la cocina, al comedor, al balcón. Así ofrecemos a nuestrxs hijxs, un apoyo adecuado que les va a facilitar el tránsito en esta situación sobrevenida que nos plantea un mar de incertidumbres y que está transformando el mundo que hemos construido.
Para los adolescentes su ventana al mundo es ahora más que nunca internet, su móvil, su ordenador. Y es así como cada día están en contacto con sus iguales, desde la intimidad de su habitación o en soledad. Como madres y padres tenemos que respetar esos momentos y, a la vez, pactar con ellxs los tiempos y espacios para compartir en familia, hacer tareas de casa, jugar, ver una película juntxs, bailar, cantar… A los adolescentes también les gusta mostrar su parte creativa, una buena oportunidad que nos permite estar en contacto con ellxs, incluso hacerles partícipes de nuevos aprendizajes en que los adultos podemos enseñarles a cocinar, hacer bricolaje y a la vez dejar que ellxs nos enseñen sus habilidades con las nuevas tecnologías o cualquier destreza que tengan.
En estos días son muchas las propuestas que vemos en las redes sociales ofreciéndonos maneras de afrontar o gestionar esta negociación familiar con nuestrxs hijxs adolescentes para pactar unos horarios, tareas o espacios que permitan una convivencia llevadera y respetuosa con todxs los miembros de la familia.

Puede pasar que una vez hayamos llegado a estos acuerdos o pactos, no se cumplan, sea por parte de los adolescentes o de los adultos y esto genere distorsiones en la dinámica familiar que nos afecten y dificulten la relación con nuestrxs hijxs. Puede aparecer distancia, enfado, indiferencia en la relación, agresividad. Todo ello nos confronta con nuestras propias incoherencias como madres y padres, como familia.
Es aquí donde nos invitamos a hacer un ejercicio de reflexión y mirada interior como adultos hacia el adolescente que hemos sido, el adolescente que vive en nosotrxs, al que todavía le duelen las heridas de su paso de la infancia a la pubertad. Y como quién se agacha para hablar con un niño y ponerse a su nivel para mirarle a los ojos, tomando contacto con la realidad que percibe desde su espacio. Encontrar un lugar dentro de cada uno de nosotrxs donde podamos descubrir que queda de ese adolescente que hemos sido y escuchar que le pasó, como fue, que sintió, que le dolió. De esa manera volver al encuentro de nuestrxs hijxs, para ofrecerles la presencia compasiva de quien ha caminado por un puente incierto donde a veces el mundo puede resultar una amenaza y decirles al oído que pase lo que pase no están solxs y siempre tendrán nuestro amor.

Un cálido abrazo

Equipo área infancia y adolescencia de Espaipertu
Laura Duran, Maribel Bodego, Jesús Galán

Gracias a Cèlia Galán por mostrarnos en su dibujo su sentir en este tiempo de confinamiento.

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