Gestalt y Maternidad Consciente


 

El embarazo es un momento extraordinario en el que se producen una gran cantidad de cambios en un espacio de tiempo relativamente corto. Aparecen cambios a nivel físico, fisiológico, hormonal, emocional, en las prioridades, en les relaciones sociales, de rol, de identidad, logísticos, y un largo etcétera.


A nivel emocional, las mujeres embarazadas gozamos de una gran permeabilidad emocional, es decir, que estamos más disponibles a entrar en contacto con nuestras emociones. Y por otro lado, nos encontramos en una etapa llena de incertidumbre. Durante el embarazo vamos sufriendo cambios de manera exponencial y no sabemos (ni podemos saber) qué es lo que pasará. Y nadie nos lo puede decir! Podemos buscar en libros cómo está nuestroe bebé mes a mes, pero no está escrito en ningún libro cómo irá  nuestro embarazo, cómo será el parto, cuándo llegará, si podré hacer una lactancia materna o tendré que darle biberón. Todas estas dudas nos acompañarán durante todo el proceso y tendremos que aprender a convivir, ya que la incertidumbre es intrínseca al embarazo. Afrontar situaciones nuevas nos puede llevar a un estado de miedos y dudas. Gozar de un buen acompañamiento durante este proceso nos puede ayudar a sentirnos reforzadas para poder mirar dentro nuestro y a nuestro entorno.


Por otro lado, dado que es un periodo en el que se producen tantos cambios, sobretodo en el terreno de las relaciones (con la familia, con la pareja, con los amigos, laborales, etc.), es una etapa en que es más probable que salgan a la luz algunos temas pendientes del pasado no resueltos y que estos afecten e incomoden al presente de la futura madre: palabras nunca dichas, conversaciones por acabar, relaciones por cerrar, afectos por mostrar, etc. Uno de los objetivos de la Terapia Gestalt es justamente el de cerrar situaciones del pasado que están interfiriendo en el presente de la persona, así que puede ser un buen momento para sanear al máximo posible el plano de las relaciones afectivas de la madre. Esto le permitirá afrontar esta nueva situación con serenidad, y por otro lado, dejar su cuerpo (el medio que sostiene y  engendra al bebé) el máximo de confortable, rico, y saneado posible, para que el bebé crezca y se desarrolle de una manera favorable.


A menudo, el ritmo frenético de nuestro día a día nos induce a hacer muchas cosas en poco tiempo, y si trasladamos esta economía del tiempo a nuestro período de gestación, en lugar de vivir de forma consciente cada momento del embarazo, pensamos en este como si fuera una cuenta atrás. La terapia es un espacio para dedicarnos única y exclusivamente a nosotros mismos, donde parar y observar qué es lo que nos está pasando y cómo lo estamos viviendo Aquí i Ara.


En nuestra sociedad actual nos venden la estampa de que el embarazo es un momento precioso en que todo es maravilloso. A menudo no es así, pero debido a la presión social, la futura madre puede intentar conseguirlo todo conteniendo los sentimientos negativos que le vengan. Esto no es bueno ni para la madre ni para el bebé, ya sea durante el embarazo como una vez haya nacido la criatura, ya que, toda contención emocional se convierte en una carga muy pesada y no hace mas que bloquear a la persona tanto a nivel físico como emocional. Este bloqueo no nos permite ver otras maneras de hacer, de sentir, de solucionar, de cambiar y de aceptar lo que hay, y nos convierte en esclavos de nuestras emociones, entristeciéndonos y debilitándonos.


Es por eso que el embarazo es una etapa donde se hace necesario escucharnos, tomar  consciencia de qué necesitamos y qué deseamos en cada momento, y es también una excelente oportunidad de crecimiento personal, de tomar consciencia de qué necesitamos, y de curar y aprender de nuestras emociones.

 

Con el nacimiento del bebé nacen también sus padres. La mujer pasa a ser madre, y la pareja, el padre (u otra madre), y aquí nace también un nuevo sistema familiar. Así que todos estos cambios necesitan ser integrados por la persona, en caso contrario, pueden desorientarla y conducirla a vivir esta etapa de manera incómoda o desagradable (con ansiedad, con miedos que la paralicen, malestar físico, insomnio, etc.). Ser madre (o padre) no es solo fruto del nacimiento del hijo propio, sino que requiere de un proceso que se va haciendo lentamente, con el crecimiento del hijo y de la madre y el padre y sus nuevas identidades. Y este camino puede comportar momentos de ambivalencia emocional, de situaciones en las que hace falta tomar decisiones importantes, y de duelo por perder lo que se tenía antes del nacimiento del hijo.


I no sólo eso. Los hermanos/as pasan a ser tíos/as, y los padres, a ser abuelos. Se  convierte en un gran engranaje que se mueve y que hace falta que cada pieza se reajuste y encuentre sus sitio. Esta situación llevará a la pareja a encontrarse en situaciones que les inviten a poner sus límites: la nueva familia tendrá que atender a las propias normas y velar para que las otras personas (sobre todo las dos familias de origen) las cumplan. De alguna manera, para que la familia tire adelante, hace falta que se posicione delante de las anteriores para estar unida, coger consciencia y encontrar su sitio.


La familia la han creado dos personas, probablemente con más fantasía que esfuerzo, así que es un momento donde la comunicación es muy importante, sobre todo con la pareja: saber dónde está cada uno, cómo se siente en este nuevo rol, establecer o actualizar las reglas, tomar decisiones conjuntamente, actualizar el momento actual de la pareja, etc. Se trata de un largo camino, ya que es un cambio muy profundo y que afecta a muchos ámbitos (por no decir todos), tanto a nivel personal como a nivel de pareja. La calma, la paciencia y la dedicación pueden ser unos buenos aliados.


Te acompañamos en esta nueva etapa para que puedas vivirla con consciencia y plenitud, y para que al mismo tiempo, pueda convertirse en un gran aprendizaje de vida.

 






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